El algorítmo es el impostor.

El algorítmo es el impostor. 

Hay una conversación que se repite constantemente en marketing: el famoso síndrome del impostor.

Gente talentosa dudando de su capacidad, cuestionando sus resultados y sintiendo que, en cualquier momento, alguien va a descubrir que “no era para tanto”.  No es un fenómeno nuevo.  Pero sí es un problema que hoy se siente más fuerte que nunca.

Y no es casualidad.

No es inseguridad. Es contexto mal calibrado

Tradicionalmente, el síndrome del impostor se explicaba desde lo individual: confianza, autoestima, mentalidad. Pero ese enfoque se queda corto.

Hoy no te estás comparando solo con tu equipo o con otros profesionales de tu industria. Te estás comparando contra un sistema que amplifica versiones editadas de la realidad. Y eso cambia completamente las reglas del juego.

El algoritmo no muestra la realidad, muestra lo que escala

Las plataformas están diseñadas para priorizar lo que genera interacción.

No lo más riguroso. No lo más complejo. No necesariamente lo más valioso.

Lo que ves todos los días es una vitrina:

  • campañas que “parecen” perfectas
  • carreras que “parecen” aceleradas
  • resultados que “parecen” extraordinarios

Pero rara vez ves el proceso detrás.

Errores, iteraciones, fricciones, decisiones incómodas… todo eso queda fuera.

Y entonces tu referencia profesional deja de ser realista.

Cuando las métricas equivocadas definen tu percepción

 

Parte del problema es más estructural de lo que parece. Porque no solo consumes ese contenido… también empiezas a evaluarte con los mismos criterios.

Likes. Shares. Alcance.

Métricas diseñadas para medir distribución, no capacidad. Cuando tu percepción de valor se alinea con eso, entras en una dinámica peligrosa: dependes de señales externas que no están diseñadas para medir lo que realmente haces.

La ilusión de expertise

 

Hay otro punto incómodo, pero necesario.

El algoritmo premia la claridad, la frecuencia y la seguridad con la que comunicas una idea. No necesariamente la profundidad.

Eso genera un entorno donde:

  • la percepción de expertise puede estar inflada
  • la experiencia real puede estar subrepresentada

Y en ese contexto, es fácil asumir que todos tienen más claridad, más resultados o más control del que realmente tienen.

Entonces, ¿qué está pasando realmente?

No estás empeorando. No estás perdiendo capacidad.

Estás operando en un entorno que:

  • distorsiona referencias
  • simplifica la complejidad
  • premia lo visible sobre lo sustancial

Y si no ajustas cómo interpretas eso, inevitablemente te afecta.

El impacto en decisiones reales

Esto no es solo un tema personal. Tiene consecuencias operativas.

A nivel profesional, puedes:

  • subestimar talento sólido que no es visible
  • sobrevalorar perfiles con mucha narrativa y poco fondo
  • tomar decisiones influenciadas por tendencias, no por contexto

Y a nivel individual:

  • dudas de decisiones correctas
  • sobrecompensas con más trabajo
  • pierdes claridad estratégica

No por falta de capacidad, sino por exceso de ruido.

Recalibrar importa más que “tener confianza”

La salida no es simplemente “creer más en ti”.

Es ajustar el marco de referencia.

Eso implica cosas mucho más concretas:

Tu comparación debe ser contra contexto real, no contra tu feed.
La calidad no siempre se traduce en visibilidad.
El output visible no refleja la complejidad del trabajo detrás.
Y la validación externa, por definición, es inestable.

El síndrome del impostor no desaparece. Pero sí puedes entender de dónde viene. Porque si te estás midiendo contra el algoritmo, no estás evaluando tu trabajo…

estás reaccionando a una versión editada de la realidad.

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